Boda Real en Madrid del Príncipe Felipe y Letizia Ortiz

bodareal_iglesiaEl Príncipe Felipe y su prometida, Doña Letizia Ortiz, pronunciaron a las 11:50 horas de hoy , 22 de Mayo de 2004 y ante el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, la fórmula de compromiso matrimonial que les convirtió en marido y mujer. El Príncipe de Asturias miró a su padre, el Rey, instantes antes de pronunciar su compromiso para pedir su consentimiento al enlace, que Don Juan Carlos ratificó con una inclinación de cabeza.

El Arzobispo inició el escrutinio a los contrayentes para asegurarse de que los novios llegan a la ceremonia «sin ser coaccionados, libre y voluntariamente», a lo que los novios contestaron: «Sí, venimos libremente». Les preguntó igualmente si «¿estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente durante toda la vida?», a lo que contestaron «sí, estamos decididos», y terminó el Cardenal el escrutinio exigiéndoles el compromiso de «recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la Ley de Cristo y su Iglesia», a lo que los novios ratificaron: «sí, estamos dispuestos».

En ese punto, y con sus manos derechas entrelazadas, el Príncipe Felipe dijo a su prometida:

«Yo, Felipe, te recibo, Letizia, como esposa y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida».

La misma fórmula fue repetida por su prometida, ya convertida en Princesa de Asturias, y, posteriormente, los novios recibieron la bendición del Cardenal Arzobispo, quien confirmó el consentimiento de los esposos con las tradicionales palabras: «Que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».

Convertidos ya oficialmente en Príncipes de Asturias, los contrayentes se han intercambiado las alianzas y las trece monedas de oro utilizadas como arras. Fue primero el Príncipe el que puso el anillo a su esposa, y posteriormente Doña Letizia lo colocó sobre el anular de la mano derecha de Don Felipe de Borbón. Posteriormente, el Cardenal y Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, entregó las arras al Príncipe, quien a su vez las depósito sobre las manos de doña Letizia, y después ella repitió este gesto.

No faltó la anécdota en este momento de la ceremonia, ya que cuando el Cardenal iba a entregar las arras a Don Felipe, una de las monedas cayó sobre unas flores que adornaban el altar. El Cardenal Arzobispo de Madrid la recogió y se la entregó al Príncipe, quien ya había recibido previamente las otras doce monedas.

Las arras comenzaron a utilizarse en España en la Edad Media, y con ellas se pretende simbolizar la buena economía del futuro hogar y que los bienes materiales del matrimonio serán compartidos por la pareja. En esta ocasión, las arras utilizadas han sido trece monedas de oro de la colección numismática del Banco de España, la más antigua emitida en tiempos de los Reyes Católicos y la más reciente en el reinado de Alfonso XIII.

Monseñor Antonio María Rouco Varela pidió a don Felipe y a doña Letizia que no tengan miedo ante las exigencias extraordinarias que van a tener por la responsabilidad histórica que les toca asumir como matrimonio y familia del Heredero de la Corona Española. En esta tarea no estarán solos porque les acompañarán los Reyes, la Familia Real y demás familiares y «el buen pueblo de España».

Hizo también una leve referencia a la solicitud del Príncipe y de su prometida por las víctimas del 11-M. «Venís ante el Altar del Señor a contraer santo matrimonio. Así ha llamado la Iglesia desde el principio a aquella íntima comunidad de vida y amor conyugal, basada sobre la alianza del varón y la mujer que dejan a su padre y a su madre, a sus familiares, amigos, en una palabra, a su marco anterior de vida y relación habitual para formar una sola carne. En el fondo de vuestra decisión libre y personalmente adoptada está y late un compromiso, un compromiso de amor: os amáis y os queréis amar para siempre y por ello deseáis entregaros el uno al otro plena e incondicionalmente hasta que la muerte os separe», dijo el cardenal.

«Don Felipe de Borbón y Doña Letizia -continuó el purpurado–. Queréis haceros donación de todo lo que sois y tenéis el uno al otro: de vuestras personas, de vuestro cuerpo y de vuestra alma, de vuestro corazón, con una gratuidad y generosidad tales que de vuestra mutua donación surja el don de nuevas vidas, el don de los hijos. Así es el amor conyugal auténtico cuando se le deja desplegarse y manifestarse en sus más ricas posibilidades y tendencias propias: un amor dispuesto a darse hasta la expropiación, a favor del hijo, de los hijos fruto de sus entrañas. Por este amor gratuito y fecundo os habéis decidido o, por usar una forma de hablar juvenil, habéis apostado definitivamente hoy en el día solemne y gozoso de vuestra Boda».

El cardenal Rouco se refirió más adelante al amor: «Dios es amor. Dios es ‘el amor': amor creador y redentor. Él ha creado al hombre varón y mujer para hacerlos partícipes de su designio de amor y de vida, de gloria y felicidad eternas» (…) «Los intentos de frustrar la creación que el hombre protagonizó desde el principio y protagoniza constantemente por el pecado, que tan negativamente afectaron al matrimonio y a la familia, fueron superados por el Amor más grande de Dios».

“No tengáis miedo! `Abríos al amor de Dios Padre y dejaos guiar por su mano providente…! (…) ». Abriros y confiaros, sobre todo, al amor de Jesucristo, Nuestro Señor y Salvador! Es el invitado invisible, pero el más grande e insustituible en la celebración de todo matrimonio cristiano, como es el vuestro».

bodareal_salidacocheEl arzobispo de Madrid se centró después en la presencia de Jesús en la Boda de Caná de Galilea («se hace presente como un amigo excepcional -el amigo por excelencia-, el que saca de apuro a los novios»), lo que simboliza la presencia de Cristo en el acontecimiento de todo matrimonio cristiano, «en el vuestro también queridos Don Felipe y Doña Letizia».

«Mantened la amistad con Él (Cristo) a lo largo de toda vuestra vida matrimonial y familiar. Cuidad la oración personal. Participad en la oración de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía dominical donde Cristo transforme en vino nuevo el agua de vuestra existencia. Os servirá de una gran ayuda en los momentos más difíciles y en las horas más felices con los que se irá enhebrando la trayectoria cotidiana de vuestra vida de esposos y de padres de vuestros hijos. Y abrid los afanes compartidos de vuestro matrimonio y las puertas de vuestro futuro hogar al dolor y a las necesidades de los más indigentes y débiles de nuestra sociedad».

«El matrimonio y la familia aportan siempre un inestimable e imprescindible servicio para el bien de la sociedad y del hombre en general. Constituyen la célula primaria de la que se entreteje y de la que se nutre toda sociedad sana, justa y solidaria. Vuestro matrimonio, inserto en la línea dinástica y en la historia milenaria de la Monarquía Española, íntimamente vinculada al mejor y más glorioso pasado de los pueblos de España, os exige ‘un plus’ de disponibilidad al servicio de España, absolutamente único y singular. Comporta, por su propia naturaleza histórica y jurídica, gravosos sacrificios y una entrega incesante al bien común de la sociedad española y de todos los españoles».

«No tengáis miedo tampoco ante estas exigencias extraordinarias que os advienen a vuestra vocación de esposos y familia cristiana por la responsabilidad histórica que os toca asumir como matrimonio y familia del Heredero de la Corona Española! (…) No estáis solos en vuestro caminos. Sus Majestades, los Reyes de España, la Real Familia, vuestros familiares y seres más queridos, el buen pueblo de España ‘están a vuestro lado! Os acompañan la oración y las plegarias de un sinnúmero de españoles, hijos de la Iglesia, y de otros muchos de buena voluntad. La presencia de tantas y tan ilustres personalidades en esta ceremonia, venidas de países y pueblos hermanos y amigos de todo el mundo. y que tanto agradecemos, lo corrobora con creces», señaló monseñor Rouco. Os rodea y arropa la simpatía general de los españoles -prosiguió el cardenal-. Los madrileños festejan y celebran vuestra boda, viva aún la gratitud por el recuerdo entrañable de vuestra solicitud por las víctimas del vil atentado terrorista del pasado 11 de marzo».

El cardenal arzobispo de Madrid finalizó su homilía pidiendo a la Virgen Santa María de la Almudena y a las distintas advocaciones con que se conoce en toda España a la Madre de Dios, que guarde a los nuevos esposos en el amor salvador de su Hijo. «Que os protejan el amparo y la intercesión de los innumerables mártires y santos de España” (citó a varios de ellos). Su compañía invisible y amorosa no os faltará nunca en el itinerario de vida y amor que hoy emprendéis con la gracia de Dios para la felicidad vuestra y de vuestros hijos y para el bien y la paz de España».

bodareal_salidaiglesiaEl Papa Juan Pablo II bendijo hoy a Don Felipe de Borbón y Doña Letizia Ortiz con motivo de su enlace conyugal, en una Bendición Apostólica que el cardenal Antonio María Rouco Varela leyó al final de la ceremonia celebrada en la Catedral madrileña de La Almudena.
Con motivo del enlace real, el Papa imparte al nuevo matrimonio, “en prenda de la constante asistencia divina que les ayude a vivir fielmente los valores del sacramento del matrimonio y como signo de copiosos dones celestes sobre el nuevo hogar, una especial Bendición Apostólica”.
Juan Pablo II ha extendido esta bendición a los familiares de Don Felipe y Doña Letizia y a los asistentes a la Santa Misa nupcial en la Catedral de Nuestra Señora La Real de la Almudena.

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